Empezar por lo que no se negocia
Antes del vestido y del lugar, dos cosas: la fecha ante el registro civil, que depende de los plazos de la administración — de una semana a dos meses según el país — y de su calendario, y el dinero disponible, que decide todo lo demás. Muchas parejas hacen lo contrario, reservan un lugar y descubren después que el registro no tiene fecha o que el presupuesto no alcanza.
Un calendario
- Doce meses antes: presupuesto, lista aproximada de invitados, fecha civil pedida, lugar reservado.
- Nueve meses: ceremonia religiosa si la hay — las parroquias piden a menudo un curso prematrimonial y varios meses de antelación —, fotógrafo, música, catering.
- Seis meses: invitaciones, vestuario, alojamiento para los invitados de fuera.
- Tres meses: documentos del registro civil al día, capitulaciones si se quieren, anillos, prueba de menú.
- Un mes: confirmaciones, plan de mesas, horario del día, quién hace qué.
- La semana: pagos pendientes, documentos en una carpeta, un responsable que no sea ninguno de los dos.
El presupuesto
El coste de una boda varía tanto entre países y entre familias que cualquier cifra media engaña. Lo que no cambia: el lugar y la comida son la mitad o más del total, los invitados son el multiplicador, y el 10 % de imprevistos no es opcional. Tres reglas ayudan: escribir todos los gastos en una sola hoja, decidir juntos qué tres cosas importan de verdad y recortar lo demás, y no empezar la vida en común con una deuda por la boda — es la primera causa de discusión de dinero del primer año.
Los trámites
Los documentos del matrimonio civil tienen fecha de caducidad — tres o seis meses casi siempre — y hay que pedirlos en el momento justo. Si uno de los dos es extranjero, la legalización o apostilla y la traducción jurada añaden semanas. Los testigos deben ser mayores de edad y llevar identificación. Las fichas de país dan la lista exacta de cada Estado.
Los invitados
La lista es la decisión más conflictiva, porque implica a las dos familias. Un método que funciona: cada uno hace su lista sola, se suman, se fija el número máximo, y cada uno recorta la suya. Los niños, las parejas de los invitados solteros y los compañeros de trabajo son las tres categorías donde se decide de antemano una regla única, para no tener que justificarse persona por persona.
Dos países, dos familias
Cuando las familias viven en países distintos, la elección del lugar suele decidir quién no vendrá. Dos ceremonias — la civil en un país, la fiesta en el otro — es una solución cada vez más frecuente; otra, un lugar intermedio con alojamiento para todos. Y la cuestión del reconocimiento — inscribir el matrimonio en el registro del otro país — se resuelve antes de la boda, no después.
