¿Vulva o vagina?
A menudo se dice «vagina» para designar lo que se ve; es un abuso del lenguaje. La vagina es el conducto interior. Lo visible se llama vulva: el monte de Venus, los labios mayores y menores, el clítoris y su capuchón, el vestíbulo donde se abren el meato urinario y la entrada de la vagina, y las glándulas que los bordean. Cada una de estas partes tiene una función, y cada una varía enormemente de una mujer a otra — en tamaño, en color, en simetría. No existe una vulva «normal»; existen millones de vulvas diferentes, y la llamada cirugía estética de los labios responde casi siempre a una norma inventada por las imágenes, no a un problema médico.
El monte de Venus
Este cojín de grasa sobre el pubis, que se cubre de vello en la pubertad, amortigua la presión de las relaciones y, rico en terminaciones nerviosas, es sensible a las caricias. El vello púbico tiene una función: limita los roces y forma una barrera contra ciertas infecciones. Retirarlo por completo no es ni bueno ni malo para la salud, pero aumenta un poco las irritaciones, los pelos encarnados y la transmisión de algunas infecciones de la piel — y, curiosamente, ha hecho casi desaparecer las ladillas.
Los labios mayores y los labios menores
Los labios mayores, dos pliegues de piel provistos de grasa, vello y glándulas, enmarcan y protegen el resto. Durante la excitación, el aflujo de sangre los hincha y los separa; después de la menopausia pierden parte de su volumen. Los labios menores, sin vello ni grasa, van del capuchón del clítoris a la entrada de la vagina; están muy inervados, cambian de color — del rosa al rojo oscuro — y de volumen cuando sube el deseo, y vuelven a su estado en unos minutos. En muchas mujeres sobresalen de los labios mayores, de forma simétrica o no: es una variación, no una anomalía, y el término «hipertrofia» que antes se leía no corresponde a ninguna enfermedad. Una cirugía solo se justifica por una molestia física real (roce doloroso, deporte), nunca para parecerse a una imagen.
El clítoris, entero
El clítoris no es el pequeño botón que se ve: ese glande, protegido por su capuchón, no es más que la parte emergida de un órgano de ocho a diez centímetros. Detrás de él, el cuerpo del clítoris se divide en dos pilares que bordean las ramas del pubis, y dos bulbos eréctiles rodean la entrada de la vagina y la uretra. La anatomía completa solo se describió con precisión en 1998, por la uróloga australiana Helen O'Connell, y el glande concentra por sí solo más de diez mil fibras nerviosas según el recuento más reciente (2022) — más que el glande del pene. Es el único órgano del cuerpo humano cuya única función conocida es el placer.
Durante la excitación, glande, cuerpo, pilares y bulbos se llenan de sangre: el clítoris entra en erección, se vuelve más voluminoso y más sensible, y el glande se retrae bajo el capuchón justo antes del orgasmo, lo que lo protege de un contacto directo que entonces suele ser demasiado intenso. Después del orgasmo, la sangre se dispersa en unos minutos; sin orgasmo, la congestión puede persistir más tiempo y resultar incómoda. Esta anatomía explica un hecho medido en todas partes: la mayoría de las mujeres necesitan una estimulación del clítoris, directa o indirecta, para llegar al orgasmo, y la penetración sola rara vez basta — porque la vagina, en cambio, está poco inervada en la mayor parte de su longitud. Lo que se llama «punto G» es muy probablemente la zona donde las raíces internas del clítoris y la uretra se acercan a la pared anterior de la vagina. La página sobre el placer femenino saca de ello las consecuencias prácticas.
El vestíbulo, el meato, las glándulas
Entre los labios menores se abre el vestíbulo, donde se encuentran, de delante hacia atrás, el meato urinario — el orificio de la uretra, distinto de la vagina, algo que todavía ignoran muchos adultos — y la entrada de la vagina. Dos pares de glándulas lo rodean: las glándulas de Bartolino, a ambos lados de la entrada, que segregan unas gotas de lubricante durante la excitación y a veces pueden obstruirse (quiste, a menudo benigno pero a veces doloroso), y las glándulas de Skene, cerca de la uretra, origen de la emisión de líquido que algunas mujeres observan en el orgasmo. La lubricación de la vagina misma viene sobre todo de una exudación a través de su pared por efecto del aflujo sanguíneo: depende de la excitación, de las hormonas, de la hidratación y de ciertos medicamentos, y un lubricante nunca es una confesión de fracaso.
El himen, y lo que no demuestra
El himen es una fina membrana, en media luna, en anillo o perforada por varios orificios, que bordea la entrada de la vagina sin cerrarla — de lo contrario la regla no podría salir. Es muy variable, a veces apenas visible, a veces ausente desde el nacimiento, y se vuelve más flexible con las hormonas de la pubertad. Puede desgarrarse o no en una primera relación, con o sin sangrado, y puede modificarse con el deporte, un tampón o un examen médico. Nada en su aspecto permite decir si una mujer ha tenido relaciones: la OMS y la ONU pidieron en 2018 el abandono de las «pruebas de virginidad», sin valor científico y contrarias a los derechos. No tiene ninguna función conocida.
Lo que cambia con la edad
En la pubertad, los labios y el clítoris crecen, aparece el vello, el color se oscurece. Después de un embarazo, los labios mayores y la entrada de la vagina quedan a veces algo más laxos. Después de la menopausia, la caída de los estrógenos adelgaza la piel y las mucosas, reduce la lubricación y puede hacer dolorosas las relaciones: es frecuente, se trata (lubricantes, hidratantes, estrógenos locales), y no se sufre en silencio.
Higiene, y cuándo consultar
La vulva se lava con agua, eventualmente con un jabón suave, una vez al día; la vagina no se lava — se limpia sola, y las duchas vaginales desequilibran su flora y favorecen las infecciones. Una consulta se impone ante picores o escozores persistentes, flujo inhabitual, un bulto doloroso, una herida, un sangrado fuera de la regla, o un dolor durante las relaciones. Y un examen ginecológico no exige ninguna preparación especial: ni depilación ni aseo particular.
