Tres grandes maneras, y un mundo que cambia
Durante casi toda la historia, conocer pareja fue cosa de familia: elegían los padres, los tíos, las casamenteras. El «matrimonio por amor», en el que dos personas se eligen solas, es un invento reciente de Europa y América, generalizado en el siglo XX y todavía minoritario en buena parte del mundo. Hoy conviven tres sistemas: el encuentro concertado por la familia (Asia del Sur, parte de Oriente Medio y de África), el encuentro por el círculo social — amigos, estudios, trabajo, fiestas, parroquia — y el encuentro en línea, convertido en la primera vía de los países ricos: en Estados Unidos, el 39 % de las parejas heterosexuales formadas en 2017 se habían conocido en internet (Rosenfeld, Stanford), por delante de los amigos y los bares. En España, los sondeos hablan de una de cada tres o cuatro parejas recientes; en América Latina la proporción crece deprisa, con Brasil, México, Argentina y Colombia entre los mayores mercados del mundo de Tinder. La página Cómo nos conocemos detalla las cifras; esta da la vuelta al mundo.
España y América Latina: la cuadrilla, la fiesta y el móvil
En España la vía clásica sigue siendo la cuadrilla — el grupo de amigos de la adolescencia, que se amplía con las parejas y los amigos de amigos —, las fiestas patronales, las verbenas, las romerías, la universidad y los Erasmus, las salidas de noche y, desde hace quince años, las aplicaciones (Tinder, Badoo, Meetic, Bumble); el trabajo y el barrio pierden peso. Las «caravanas de mujeres» que desde los años ochenta llevan a solteras de las ciudades a los pueblos despoblados son una curiosidad muy española que aún existe. En México, la quinceañera marca la entrada de las chicas en sociedad, y las fiestas familiares, los bailes y las serenatas siguen ahí junto a las aplicaciones; en Argentina y Uruguay, los boliches, las previas y las milongas del tango (bailes públicos donde se cambia de pareja cada tanda) son lugares de encuentro de siempre; en Colombia, la rumba y las fiestas de pueblo; en el Caribe, la música y la calle; en Cuba, con internet móvil solo desde 2018, el barrio, la familia y el malecón hacen todavía el trabajo. La familia opina en todas partes — presentar a la pareja a los padres es un paso serio —, pero ya no decide, salvo en algunas comunidades indígenas y rurales donde el matrimonio concertado persiste.
Asia del Sur: el matrimonio concertado, modernizado
En la India, más de nueve de cada diez matrimonios siguen siendo concertados (93 % según la encuesta Lok Foundation-Oxford de 2018; 3 % «por amor»), pero el arreglo ha cambiado de cara: los padres preseleccionan, los futuros esposos se conocen, hablan y pueden decir que no. Los anuncios matrimoniales de los periódicos han dado paso a los portales matrimoniales — Shaadi.com (1997), BharatMatrimony, Jeevansathi —, donde a menudo son los padres quienes crean el perfil y filtran por religión, casta, región, horóscopo e ingresos. En Pakistán el matrimonio se concierta en la inmensa mayoría de los casos, muchas veces dentro de la familia extensa (casi uno de cada dos une a primos); Tinder, Grindr y otras tres aplicaciones fueron bloqueadas en septiembre de 2020 por «contenido inmoral». En Bangladés manda el ghotok (casamentero); en Sri Lanka, un astrólogo comprueba la compatibilidad de los horóscopos antes de cualquier encuentro.
Oriente Medio y Golfo: la familia primero, las aplicaciones a escondidas
En Arabia Saudí el encuentro pasa por las madres y las hermanas, que localizan a una candidata en las bodas femeninas y organizan la shawfa, la «mirada» autorizada entre futuros esposos ante la familia; toda relación fuera del matrimonio sigue siendo punible. En Irán todas las aplicaciones extranjeras están bloqueadas; el Estado lanzó en 2021 la suya, Hamdam, la única permitida, que exige documento de identidad, test psicológico y permiso de los padres. En Egipto el gawaz el-salonat — el «matrimonio de salón», con el pretendiente recibido por la familia en el salón — sigue siendo la vía clásica; la policía usa además las aplicaciones para tender trampas a los homosexuales. En Turquía, el encuentro a través de las familias, görücü usulü, sigue estando detrás de casi la mitad de los matrimonios. En Israel, el mundo ultraortodoxo se casa por shidduch, con casamentero y citas con carabina.
Asia oriental: cuando el Estado y los padres se meten
- Japón. El omiai, cita concertada por un intermediario, suponía el 70 % de los matrimonios en los años treinta y menos del 6 % hoy; lo han sustituido el gōkon (cena en grupo, tantos hombres como mujeres) y toda una industria del konkatsu («caza del matrimonio»): agencias, fiestas, aplicaciones. Ante la caída de los matrimonios, el gobierno metropolitano de Tokio lanzó en 2024 su propia aplicación de citas, Tokyo Enmusubi, que exige certificado de soltería y declaración de la renta.
- China. El xiangqin, cita a ciegas concertada por la familia, se practica en masa en el Año Nuevo, cuando los padres presionan a los solteros de más de 27 años (las «mujeres sobrantes»); en los parques de las grandes ciudades — el Parque del Pueblo de Shanghái desde 2005 — los padres cuelgan en mercados matrimoniales el currículum de sus hijos (estatura, título, sueldo, piso). Dominan las aplicaciones chinas (Tantan, Momo, Soul); Tinder no funciona sin VPN y las aplicaciones gais Blued y Finka fueron cerradas en noviembre de 2025.
- Corea del Sur. El sogaeting — cita a solas concertada por un amigo común — y las agencias matrimoniales de pago siguen siendo las vías principales; desde 2023, varios ayuntamientos organizan citas para relanzar la natalidad más baja del mundo.
- Indonesia y Malasia. El ta’aruf, cortejo islámico supervisado por un tercero, convive con las aplicaciones; Grindr está bloqueado en Indonesia.
África: el grupo, la dote y la iglesia
En casi toda el África subsahariana el encuentro es libre pero el matrimonio no: la familia debe aprobar, la dote (lobola en el sur) debe negociarse y la «ceremonia de presentación» precede a toda unión. La gente se conoce en bodas y funerales, en los grupos de jóvenes de iglesias y mezquitas, en la universidad, en el mercado; las aplicaciones se usan mucho en las capitales, con gran desconfianza hacia las estafas, y sirven de trampa donde la homosexualidad se persigue. En Guinea Ecuatorial, único país hispanohablante de África, la familia y la iglesia siguen pesando, y la dote se paga. En el Magreb, Tinder funciona, pero las relaciones fuera del matrimonio son delito en Marruecos y Argelia. La página Encuentros internacionales detalla cada país.
Europa y América del Norte: internet primero
En Estados Unidos internet es la primera vía desde 2013 — también para los 60 millones de hispanos, con aplicaciones en español y fiestas latinas como puentes entre comunidades —; en el Reino Unido, Alemania y Escandinavia va primera o segunda tras los amigos, y el trabajo y los estudios retroceden. Los detalles cambian: los británicos se conocen en el pub, los alemanes en las asociaciones y el deporte, los franceses en fiestas privadas, los españoles e italianos en la cuadrilla. En Rusia y Europa del Este pesan aún la familia y el trabajo, y Tinder se fue de Rusia en 2023.
Donde las citas en línea no existen, o casi
- Corea del Norte: sin internet abierto; matrimonios concertados por la familia y la unidad de trabajo.
- Afganistán: desde 2021 los talibanes prohíben cualquier mezcla; matrimonios concertados y a menudo forzados (véase El matrimonio forzado).
- Irán: solo la aplicación estatal Hamdam es lícita. Pakistán: Tinder y Grindr bloqueadas desde 2020. China: aplicaciones occidentales inaccesibles.
- Cuba: internet móvil desde 2018, caro y lento; las aplicaciones existen pero el encuentro sigue siendo presencial.
- Egipto, Uganda, Nigeria, Camerún: las aplicaciones sirven de trampa a las personas homosexuales.
Para seguir: el speed dating, las fiestas para solteros, los encuentros especiales y las citas en línea.
