¿De qué hablamos?
Se habla de eyaculación precoz cuando un hombre eyacula sistemáticamente antes de lo que desea, en general muy poco tiempo después de la penetración (o incluso antes), hasta el punto de crear frustración para él, para su pareja o para ambos. Una eyaculación ocasionalmente rápida no tiene nada de inquietante: el trastorno se define por su repetición y por la molestia que ocasiona, no por una cifra precisa.
Una experiencia muy extendida
Las encuestas sobre sexualidad, en todos los países donde se han hecho, muestran que una mayoría de hombres dicen haber conocido, al menos ocasionalmente, este tipo de dificultad. Puede aparecer a cualquier edad, pero es más frecuente en las primeras experiencias sexuales o en contextos nuevos (nueva pareja, situación inhabitual).
Las causas principales
La eyaculación precoz muy rara vez tiene una causa física. Se asocia casi siempre a: falta de experiencia o de frecuencia de las relaciones, ansiedad de rendimiento, falta de confianza en uno mismo, o condiciones estresantes (falta de tiempo, miedo a ser sorprendidos). Estos factores se alimentan a menudo entre sí: el miedo a «hacerlo mal» acelera por sí mismo la eyaculación, lo que refuerza después la aprensión.
Pistas concretas
- Hablarlo con la pareja: la comunicación reduce por sí sola buena parte de la presión sentida.
- Alargar los preliminares, para que la pareja esté ya cerca de la excitación antes de la penetración.
- La técnica del «stop and go»: interrumpir la estimulación justo antes de la eyaculación, esperar de 30 a 60 segundos y reanudar. Repetida varias veces antes de dejarse ir, permite un aprendizaje progresivo del control.
- Continuar las caricias después de la eyaculación si la pareja no ha llegado al orgasmo, en lugar de interrumpir todo contacto.
Cuándo consultar
Si el trastorno persiste a pesar de estos ajustes, un médico de familia, un urólogo o un sexólogo pueden proponer un acompañamiento: terapias sexológicas (a menudo en pareja), técnicas de relajación o, en ciertos casos, tratamientos medicamentosos (en particular algunos antidepresivos a dosis baja, usados por su efecto retardante sobre la eyaculación, o cremas anestésicas locales). Una consulta a dos suele ser beneficiosa, porque permite a la pareja entender mejor el trastorno y participar activamente.
