Tres capas
El amor tal como lo vivimos mezcla tres cosas que la investigación separa: el deseo, gobernado por las hormonas y por la novedad; el enamoramiento, un estado intenso y breve — unos meses, rara vez más de dos años — que ocupa el cerebro como una obsesión; y el apego, más lento, que se construye con la costumbre, la confianza y los proyectos comunes. Las parejas duraderas no son las que prolongan el enamoramiento: son las que saben pasar a la tercera capa sin creer que han perdido algo.
Lo que cambia con la época
El matrimonio por amor es una idea reciente, y el amor como condición de la vida en común lo es más aún. Cada generación hispanohablante ha conocido un modelo distinto: el matrimonio arreglado por las familias, después el matrimonio elegido pero indisoluble, después la pareja que dura mientras dura el amor. Ninguno de esos modelos era más «natural» que los otros. Saberlo ayuda a no juzgar la propia historia con criterios de otra época.
El azar, y lo que se puede hacer con él
Las encuestas sobre la formación de las parejas dan un resultado incómodo: el lugar donde se vive, el trabajo que se tiene y el círculo que se frecuenta pesan más en el encuentro que cualquier cualidad personal. Es el azar de los contextos. Se puede actuar sobre él de una sola manera: multiplicando los contextos — actividades, lugares, círculos — en lugar de esperar que el amor llegue al que ya se tiene.
Esperar mucho no dice nada
Quien lleva años sin pareja tiende a leerlo como un veredicto. Las cifras dicen lo contrario: la duración de la espera no predice ni la calidad ni la duración de la relación siguiente. Predice, en todo caso, que se llega a ella con más conocimiento de uno mismo.
