Qué muestra el estudio de 2026
Un estudio publicado en línea el 5 de agosto de 2026 en la revista Family Relations por investigadores de la Universidad Brigham Young se interesó por el ejercicio físico practicado en pareja (Mildenhall, Núñez & Yorgason, 2026). Se basa en las respuestas de 1693 parejas jóvenes casadas, procedentes de una encuesta nacional representativa sobre el inicio del matrimonio en Estados Unidos. Los autores comparan el ejercicio practicado a solas con el practicado con el cónyuge, y lo relacionan con tres medidas declaradas por los propios esposos: la comunicación, la resolución de conflictos y el nivel de conflicto en la pareja.
Resultado: tanto el ejercicio practicado a solas como el compartido se asocian con mejor comunicación, mejor resolución de conflictos y menos conflictos, en las esposas igual que en los esposos. Cuando se examinan los dos a la vez, el ejercicio compartido sigue asociado con más fuerza a estas medidas (Mildenhall, Núñez & Yorgason, 2026). Jeremy Yorgason, que dirigió la investigación, describe un vínculo no necesariamente grande pero muy constante, y caminar es la actividad compartida que las parejas citan con más frecuencia (BYU News, 2026).
Lo que el estudio no demuestra
Los datos se recogieron en un único momento: muestran que dos cosas van juntas, no cuál provoca la otra. También es posible que las parejas que ya se comunican bien sean simplemente más proclives a entrenar juntas: los datos no permiten decidir la dirección del vínculo. Las medidas son respuestas de los propios cónyuges, y la muestra está formada por parejas jóvenes casadas en Estados Unidos: nada garantiza que la conclusión valga tal cual para parejas de más edad, no casadas o de otros países. Por último, los investigadores precisan que entrenar en pareja no es un remedio para las dificultades de la relación (BYU News, 2026).
Por qué podría funcionar
El estudio no mide las razones del vínculo; los investigadores plantean que moverse juntos crea ocasiones para hablar y compartir momentos positivos, y las parejas que entrenan juntas dicen escucharse mejor y sentirse más escuchadas y apoyadas (BYU News, 2026).
Otra pista viene de la psicología de las relaciones: la novedad compartida. En tres experimentos de laboratorio, las parejas que habían realizado juntas una tarea de siete minutos a la vez novedosa y estimulante declaraban después una relación de mejor calidad que las que habían hecho una tarea rutinaria; las encuestas mostraron además que las actividades «emocionantes» compartidas iban de la mano de una mayor satisfacción, un vínculo que pasaba por el aburrimiento (Aron et al., 2000). Una serie posterior de estudios con parejas consolidadas asoció las actividades que amplían el horizonte en pareja con un mayor deseo sexual, a su vez ligado a una mayor satisfacción en la relación (Muise et al., 2019). Estos trabajos no tratan del deporte en particular: cabe pensar, simplemente, que una actividad física nueva practicada en pareja reúne esos ingredientes. Véase también Qué hacer en pareja.
A solas y en pareja: ambos cuentan
En el estudio de 2026, el ejercicio practicado a solas también se asocia con mejor comunicación y menos conflictos (Mildenhall, Núñez & Yorgason, 2026): nada justifica abandonar la sesión personal, el club o el deporte favorito. El ejercicio en pareja se suma, no sustituye. Para las referencias generales sobre la cantidad de actividad útil para la salud, véase Actividad física y forma.
¿Entrenar juntos ayuda a mantener la constancia?
Se dice a menudo, y es plausible, pero las pruebas son menos claras de lo que se imagina. Una revisión sistemática de 2017 sobre intervenciones de cambio de conducta de salud dirigidas a parejas (14 estudios, solo uno sobre actividad física) encontró que, en cuatro de siete ensayos, el enfoque en pareja obtuvo mejores resultados que la atención habitual; entre cuatro ensayos que lo comparaban con un enfoque individual, dos daban ventaja a la pareja. Los estudios eran muy heterogéneos y se referían a personas expuestas a distintas enfermedades crónicas (Arden-Close & McGrath, 2017). Dicho de otro modo: empezar juntos puede ayudar a algunas parejas a mantenerse, pero no es una garantía.
Cómo empezar en pareja
- Empiecen por algo que se pueda hacer hablando. Caminar es la actividad compartida más citada en el estudio (BYU News, 2026); la bicicleta tranquila o la natación lado a lado también permiten conversar. El objetivo no es el rendimiento, sino el tiempo pasado juntos.
- Ajusten el ritmo al menos entrenado de los dos. Una sesión en la que uno espera al otro, o se agota intentando seguirlo, no anima a nadie a repetir. Así las salidas conjuntas siguen siendo adecuadas para los dos, y cada uno puede reservar sus sesiones individuales para esforzarse más.
- Anoten el hueco en la agenda. Con hijos o jornadas cargadas, entrenar juntos suele exigir reservar tiempo de forma deliberada, subrayan los investigadores (BYU News, 2026). Un horario fijo, aunque sea corto, vale más que un proyecto vago.
- Añadan novedad de vez en cuando. Una clase de baile, una iniciación a la escalada, una caminata por un itinerario desconocido: probar juntos algo que ninguno domina retoma la idea de las actividades nuevas descrita más arriba.
- Tras una pausa larga, una lesión o un problema de salud, pidan consejo a un médico antes de reanudar, cada uno según su situación.
Trampas que evitar
- La presión. Animar no es controlar. En un estudio con 141 parejas en las que uno de los cónyuges tenía artrosis de rodilla, el apoyo del cónyuge a la autonomía del paciente, igual que el nivel de actividad del propio cónyuge, iba unido a más actividad moderada y más pasos al día; los días en que los pacientes varones sentían más presión de su cónyuge para ser activos, pasaban menos tiempo en actividad moderada (Martire et al., 2013). Este estudio se refiere a una población particular, pero recuerda que una invitación funciona mejor que un reproche.
- La competición mal dosificada. Cuando los niveles son muy distintos, cada sesión se convierte en una comparación. Elijan una actividad en la que se avance codo con codo, o reserven los esfuerzos más intensos para sus entrenamientos individuales.
- El balance de pareja por el camino. Un paseo en pareja se presta a la conversación, pero los temas pesados conviene guardarlos para un momento elegido juntos: la salida debe seguir siendo un placer, o las ganas de repetir pueden apagarse.
- Un rechazo tomado por desaire. Uno de los dos puede preferir entrenar a solas o en otro momento: eso no dice nada de la relación. Propongan, sin reprochar.
Para otras palancas que ayudan a que una pareja dure, véase Hacer durar la pareja.
Preguntas frecuentes
¿Hacer deporte en pareja mejora la comunicación?
Las parejas que entrenan juntas declaran una mejor comunicación, pero el estudio disponible no permite decir que el deporte sea la causa (Mildenhall, Núñez & Yorgason, 2026). Es una pista razonable y fácil de probar para pasar tiempo juntos, no un tratamiento.
¿Qué deporte practicar en pareja?
El que les permita hablar y que les guste a los dos. En el estudio, caminar es la actividad compartida más citada (BYU News, 2026); la bicicleta tranquila, la natación o el baile también valen. Si buscan novedad, prueben juntos una actividad que ninguno conozca.
¿Y si uno de nosotros es mucho más deportista que el otro?
Ajusten el ritmo de las salidas conjuntas al menos entrenado y reserven las sesiones intensas para sus entrenamientos individuales. El estudio indica además que el ejercicio practicado a solas sigue asociado a una mejor relación (Mildenhall, Núñez & Yorgason, 2026).
¿Hay que hacer todo el deporte en pareja?
No. En el estudio, tanto el ejercicio practicado a solas como el practicado en pareja se asocian con mejor comunicación y menos conflictos (Mildenhall, Núñez & Yorgason, 2026). Nada impide conservar las sesiones personales y añadir una o dos salidas conjuntas.
¿Cómo empezar cuando se tienen hijos?
Los investigadores señalan que, para las parejas jóvenes con hijos, entrenar juntos suele exigir reservar tiempo de forma deliberada (BYU News, 2026). Un horario fijo en la agenda, aunque sea corto, un paseo con los niños o un intercambio de cuidado con otra pareja (véase Qué hacer en pareja) son posibles caminos.
