Las cifras
Las encuestas serias — anónimas, con muestras representativas — dan cifras mucho más bajas que las conversaciones: en un año dado, una pequeña minoría de personas en pareja declara una relación sexual fuera de la pareja; a lo largo de toda la vida, una minoría más amplia. Los hombres declaran más que las mujeres, con una diferencia que se reduce en las generaciones jóvenes. La infidelidad emocional — una intimidad sin sexo — es más frecuente y a menudo más dolorosa.
Los motivos
Rara vez el deseo por otra persona, en primer lugar. La investigación clínica encuentra sobre todo un sentimiento de invisibilidad en la pareja, una necesidad de sentirse deseado, una crisis personal — edad, duelo, fracaso — o una manera de salir de una relación que uno no se atreve a terminar. Saber el motivo no excusa nada; dice qué hay que reparar.
Al descubrirla
- No decidir nada las primeras semanas: el choque es una mala consejera.
- Pedir la verdad, no los detalles: los detalles alimentan las imágenes, no la comprensión.
- Hacerse las pruebas de infecciones de transmisión sexual, sin drama: es una cuestión de salud.
- Hablar con alguien de fuera — un amigo, un terapeuta — antes de hablar con la familia.
Reparar, o no
Las parejas que se reparan comparten tres condiciones: el fin real de la relación exterior, una explicación honesta de lo que pasó en la pareja, y tiempo — meses, no semanas — para reconstruir la confianza. Muchas lo consiguen, y algunas describen la relación posterior como mejor que la anterior. Otras eligen separarse, y esa elección también puede ser la buena. Lo que no funciona es fingir que no ha pasado nada.
Y la ley
La infidelidad casi no tiene ya efectos jurídicos en los países hispanohablantes: el adulterio ha dejado de ser delito, y la mayoría de los divorcios no exige ya una causa. Puede pesar, marginalmente, en algunos países sobre la pensión o la atribución de la vivienda. Las fichas de país sobre el divorcio lo detallan.
