Corta y pública
Una hora, un café o un paseo, un lugar donde se pueda hablar y del que se pueda salir fácilmente. La cena de tres horas es una trampa: obliga a sostener una conversación con alguien a quien quizá no se quiera volver a ver, y encarece el rechazo. Una cita corta que va bien se alarga sola; una cita larga que va mal no se acorta.
De qué hablar
De lo que la otra persona hace y le gusta, más que de lo que uno quiere mostrar. Las preguntas abiertas — ¿cómo llegaste a…?, ¿qué te gusta de…? — abren; las listas de logros cierran. Los temas de la ex pareja, del dinero y de los hijos deseados pueden esperar a la tercera cita; si salen antes, es una información en sí misma.
Quién paga
Las costumbres cambian según el país y la generación; la regla que evita malentendidos es proponer compartir y aceptar con naturalidad si el otro insiste en invitar. Lo que hay que evitar es convertirlo en una prueba.
Señales que justifican irse
- La persona no se parece a su perfil, en la foto o en la historia.
- Habla de dinero, de inversiones, o pide algo en la primera hora.
- Critica a sus ex parejas con violencia, o a usted con «humor».
- No acepta una negativa — a una copa más, a un cambio de lugar, a una despedida.
Terminar
Decir en el momento si se quiere volver a verse, o al día siguiente por mensaje si se necesita pensarlo. La ausencia de respuesta es la única salida que hace daño; una frase amable cuesta menos de lo que parece.
