Fuego
Aries ama como empieza todo: de golpe. La tradición le atribuye la conquista, la impaciencia, la sinceridad hasta la torpeza, y el aburrimiento cuando todo está ganado. Necesita que le sorprendan. Leo ama con generosidad y espera que se note: regalos, gestos, palabras. Fiel cuando se siente admirado; herido cuando se siente ignorado. Sagitario ama la libertad tanto como a la pareja: el viaje, el proyecto, el horizonte. Se compromete tarde, y entonces de verdad.
Tierra
Tauro ama despacio y para mucho tiempo: los sentidos, la casa, la mesa, las costumbres. Celoso de lo que es suyo; lento en perdonar. Virgo ama cuidando: la atención al detalle, la ayuda concreta, la crítica que quiere ser útil y no siempre lo parece. Se entrega cuando se siente seguro. Capricornio ama con seriedad: la construcción, la duración, la reserva. Tarda en decir lo que siente; lo demuestra.
Aire
Géminis ama hablando: la conversación, la curiosidad, el juego. Teme el aburrimiento más que la soledad; necesita una pareja que cambie con él. Libra ama la pareja misma: la armonía, la belleza, el acuerdo. Evita el conflicto hasta que estalla. Acuario ama a su manera, a menudo a distancia de las convenciones: la amistad antes que la pasión, la independencia como condición.
Agua
Cáncer ama protegiendo: la familia, el hogar, la memoria. Sensible hasta la susceptibilidad; fiel hasta el sacrificio. Escorpio ama con intensidad: todo o nada, la pasión y la sospecha, la lealtad absoluta y la venganza si se traiciona. Piscis ama soñando: la fusión, la compasión, la tendencia a idealizar y a decepcionarse. Necesita que le devuelvan a la tierra con dulzura.
Lo que la astrología es, y lo que no es
Ninguna investigación ha encontrado que la posición de los planetas en el nacimiento prediga el carácter o el destino: los estudios controlados, desde los años 1980, dan resultados iguales al azar. Estas páginas presentan la astrología como lo que es — una tradición cultural milenaria y un lenguaje para hablar de uno mismo y de la pareja —, sin pretender que prediga nada. Léalas como un juego serio, no como una guía.
Estos retratos vienen de una tradición literaria — Ptolomeo, los astrólogos árabes, el Renacimiento, las revistas del siglo XX — y funcionan como los horóscopos: son lo bastante generales para que cualquiera se reconozca en cualquiera. Es el «efecto Forer», medido por los psicólogos desde 1949. Lo que no quita que sirvan para hablar de uno mismo y del otro: la página sobre la compatibilidad explica cómo la tradición los combina.
